El acontecimiento, precisamente a finales del siglo quince, se debió a varias razones que se conjugaron: El comercio entre Europa e India y China tenía como intermediarios a griegos y fenicios, a la caída de Constantinopla en 1453 los turcos cancelaron este tráfico mercantil en virtud de su enfrentamiento con los cristianos, la decadencia sufrida propició la búsqueda de nuevas rutas hacia el oriente; los avances geográficos experimentados en ese lapso que permitieron la orientación marítima y la navegación mar adentro con la invención de la brújula, el astrolabio –instrumento para observar la altura de los astros- y la ballestilla que medía la altura de la estrella polar; finalmente, el progreso en la construcción naval posibilitó la sustitución de la galera –embarcación de vela y remo- por la carabela que ofrecía mayor seguridad para internarse en los océanos.
Esta fusión étnico-cultural que originó la singular epopeya produjo señaladas consecuencias, así, científicamente quedó demostrada la redondez de la tierra además del surgimiento de nuevas estirpes, culturas, lenguas, plantas y animales; en el ámbito económico los metales preciosos fortalecieron la economía del viejo mundo e hicieron progresar industrias y ciudades además de dar origen a la creación de los bancos; socialmente el oro y la plata afianzaron a la burguesía europea e hicieron decaer la influencia de la nobleza terrateniente; políticamente se hace notar que fue roto el equilibrio europeo al ostentarse España como primera potencia mundial, hecho que provocó coaliciones entre Francia e Inglaterra así como la pérdida de preponderancia de las repúblicas italianas de entonces –Génova, Pisa, Venecia, Florencia-.
Colón pensaba llegar a las Indias cruzando el Atlántico, dada la errónea idea que tenía del escaso volumen de la tierra y por tanto del mar océano, contrariamente al plan de los portugueses que querían hacerlo rodeando Africa como finalmente sucedió; el insigne Almirante nunca imaginó que entre Europa y las legendarias Catay –China- o Cipango –Japón- había todo un continente, desconocimiento que propició de alguna forma la relevante proeza para fortuna de la humanidad. El insigne marino murió sin llegar a conocer la impresionante transformación que su aventura hizo posible en el mundo conocido hasta entonces.
El geógrafo alemán Martín Waldsremüller atribuyó a Americo Vespucio el descubrimiento de América en 1507, dándole indebidamente su nombre al nuevo continente.
¡Que el recuerdo agradecido de su odisea sea un paliativo ante la deuda histórica de la humanidad, al no haber otorgado el nombre del gran navegante al mundo descubierto!










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