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Tenemos 1016 invitados conectado(s)| “La natividad de Jesús” |
| Escrito por Raúl Cárdenas Silva | |
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Indudablemente la época que estamos viviendo es la más emotiva del año, la más respetada en casi todo el mundo, la única en que se suspenden temporalmente las conflagraciones bélicas, la que nos permite ofrecer y recibir afecto, olvidar agravios y reafirmar la unión familiar, promover entre los nuestros los valores cristianos, intercambiar saludos y parabienes así como demostrar a quienes estimamos, a los que nos procuran o también a quienes nos han servido, nuestro cariño, agradecimiento o satisfacción por contar con ellos. Dado lo expuesto, consideramos que estas fechas, especialmente la noche de hoy y el día de mañana, representan una magnífica oportunidad para reencontrarnos en familia con nuestros principios religiosos así como para practicar el ejemplo que Jesucristo nos legó, principalmente en el aspecto de la caridad hacia nuestros hermanos más necesitados; en efecto, es tiempo propicio para reencausar el proceso formativo de la familia haciéndoles atractivo el ambiente navideño, comunicándonos de mejor manera entre nosotros a fin de evitar enconos y restañar heridas, acompañándonos de los nuestros a los actos litúrgicos con un renovado espíritu de concordia de suerte que aprovechemos la ocasión para fortalecer el sentido y significado de cada pasaje o ritual, sobre todo por los niños que son quienes más requieren de orientación y quienes ciertamente más lo disfrutan. Ahora bien, el peregrinar de María y José, descrito en el Evangelio de San Lucas (2.7), señala que al dar a luz María recostó al niño en un pesebre “…porque no había lugar para ellos en la sala principal de la casa”, es decir, no fueron recibidos. Este hecho nos hace ver entre líneas nuestra obligación de “darle posada” cuando, por ejemplo, se nos haga presente en la persona de un mendigo que llama a nuestra puerta, en la figura del esposo o esposa cuya conducta o responsabilidad deja mucho que desear intentando de la mejor forma entenderle o apoyarle, en el familiar enfermo o anciano que requiere de atención, paciencia o dedicación especial que nosotros sí podemos otorgar y, en resumen, en la persona de todo aquel que necesite ser escuchado, comprendido, acompañado o atendido en sus necesidades. Estos conceptos aquí vertidos sintetizan el sentido cristiano de la Navidad, que deberá ser vivido por nosotros según se ha expuesto; en efecto, promoviendo un ambiente de sana jovialidad entre nuestros hermanos en Cristo, aprovechando las celebraciones religiosas para venerar y dar gracias a la divinidad así como para reafirmar nuestra fe y ofreciendo en la medida de nuestras posibilidades la asistencia requerida al marginado, según fue ejemplificado por Jesús en su paso por este mundo. Que nos sirva de patrón de conducta la prédica del Señor a la muchedumbre: “Felices los que tienen el espíritu del pobre porque de ellos será el Reino de los Cielos”. Raúl Cárdenas Silva |
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