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Tenemos 919 invitados conectado(s)| ¿Quién dijo que emigrar es fácil? |
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En una de mis primeras entrevistas de trabajo el psicólogo de recursos humanos me pregunto por mi profesión y la famosa experiencia canadiense, cuando le respondí que no tenía esta ultima, hasta ahí llego el encanto. En un tono amigable me invito a que trabajará en lo que fuera para obtenerla. Antes de viajar muchas personas me dijeron que en Canadá todo estaba por hacer y que apenas llegara encontraría un trabajo en mi profesión; pero nadie me hablo acerca del idioma y que mi carrera debería ser avalada en estas tierras, cuestión que hoy veo más que lógica. Así que con la frase en mi mente emprendí la búsqueda de la famosa experiencia canadiense y lógicamente escudriñe por el consejo de aquellos sabios que llevaban más de 6 meses en el país, pues como todos recordaran cuando uno está recién llegado, el que tenga más de un semestre en Canadá es un iluminado y se las sabe toda sobre este país.
Logre obtener una cita con un odontólogo quien se dedicaba para la época al arte de pintar con brocha gorda, en un tono socarrón me explico que llevaba 8 meses en Canadá y no se iba a pasar toda la vida estudiando así que opto por el mundo empresarial. Me explico lo fácil del negocio y me invito a que me uniera a la empresa donde laboraba para que iniciáramos al otro día. Sin dudarlo un momento me dije “esto es, no voy a gastar más tiempo en estudio y en 6 meses tendré mi empresa con mis propios trabajadores”. En la mañana me presente y encontré que antes de mi, habían 40 con el mismo sueño de iniciar su propia empresa, así que me faltaba mucho camino para ser independiente, resignado tome la brocha y me mandaron a subir en una escalera. Junto a mi estaban un odontólogo, un ingeniero y un médico. El asunto no era muy difícil, lo imposible era la posición sacada del yoga; con el torso doblado para atrás tenía que mirar el techo, con una mano me agarraba a la escalera para no caerme y con la otra sostenía mi hermoso futuro, “ la brocha”. Imagínense yo con mis 85 kilos subido todo el día en un travesaño de la escalera, al bajarme caminaba como un loro los pies no me los aguantaba del dolor los tenia encogidos. Al llegar a la casa parecía un vaquero listo a desenfundar, me di cuenta que ese no era en lo que yo me soñaba toda la vida pero sin embargo ya tenía mi primer día de experiencia canadiense. Así que busque otro sabio del oráculo esta vez un abogado como yo que llevaba 3 años en la universidad, me dio una paliza de porque los profesionales latinos nos desperdiciábamos y no teníamos el valor de enfrentar nuestro futuro. William así se llama, me dijo “A los profesionales latinos les falta pundonor, todos se ponen a barrer o pintar cuando podían dedicar su vida a estudiar y ser unos grandes profesionales en sus áreas”. Decidido a estudiar esa tarde me reuní con mi amigo Jaime quien esbozaba una sonrisa de oreja a oreja “aquí está la oportunidad que buscamos” me dijo y me mostraba la página de un periódico que decía “necesitamos subcontratistas para aseo, indispensable contar con grupo de trabajadores”, una vez más cambie mi derrotero, “estos son mis principios sino le gusta tengo otros” Hice la solicitud del cargo y en la entrevista no dude en decir que tenía experiencia canadiense, aunque omití decir de cual tipo, con la suerte de principiante me dieron mi primer contrato de aseo a mi vez tenía que llevar 4 personas más. La primera noche fue inolvidable, yo corría con una máquina de lavar el piso y detrás iban mis 4 compañeros de trabajo trapeando (mapeando) todo el reguero de agua que dejaba. La segunda noche aprendí que la máquina botaba agua pero también la recogía, me sentía como un mentecato , duramos casi 12 horas aseando a mano el almacén cuando los demás grupos se demoraron solo 4 horas. Reynaldo era una de las personas que contrate, él me había conocido en mi país donde le dicen al profesional del derecho Doctor, en las noches muchas veces me llamaba cortésmente diciéndome “doctor el corredor le quedo mal barrido” “¿doctor ya lavo las baños?” Yo llegaba al amanecer a mi casa descorazonado no por el cansancio físico sino por aquella palabra “doctor” que me metía el dedo en la llaga. A los seis meses me encontré con William y le pregunte ¿Cómo vas en el estudio, ya terminaste, en dónde vas a laborar? Sin ningún pudor me respondió: “yo estoy barriendo, ni loco quedarme toda la vida estudiando”. Mi gran ídolo termino haciendo lo que a todos criticaba, así que aprendí que en emigración todos iniciamos lavando pisos pero el tiempo nos va colocando a cada unos en los senderos de nuestro futuro, en francés dicen “Ça Va venir” todo va a llegar, solo hay que darle tiempo. |
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