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Feliz Navidad Solidaria

Nueve años atrás llegue a la ciudad de Medellín (Colombia) me dirigí a uno de los hangares donde contraté una avioneta para ir a un pueblo en medio de la selva llamado Vigía del Fuerte, en el noroeste de Colombia, cerca a la frontera con Panamá. Cuando tomamos la pista pasaron por mi mente imágenes de los reportajes cuando Pablo Escobar era el gran capo y de ese aeropuerto salían miles de toneladas de droga.


El narcotráfico es uno de los ejes de la violencia en Colombia. Guerrilla y paramilitares luchan por el dominio de la producción, de la población y de los enclaves geográficos. Donde hay droga hay guerra.

La vetusta avioneta inicio su recorrido y una hora después nos encontrábamos sobrevolando el gigantesco rio Atrato enclavado en la selva virgen; a la orilla del rio apareció un pequeño caserío de unas 15 cuadras de largo por 8 de ancho, en la mitad del pueblo había una sola calle en tierra que lo atraviesa a lo largo.

El piloto me dijo alístese a aterrizar y con gran sorpresa me di cuenta que el descenso se hacía sobre la única calle, las personas salían corriendo cuando el monomotor se acercaba al pueblo, después de un abrupto aterrizaje la gente se acercó a saludar, la mayoría negros descendientes de esclavos que escaparon a la selva en tiempos de la colonia; seres humanos llenos de hermosos valores, de inocencia, pacíficos y de una gran fortaleza para vivir en medio de la desesperanza.

Todas las casas son en madera y de techo de láminas de zinc, es una zona muy húmeda con temperaturas de 35 grados, los caminos son pantanosos y sobre ellos la gente tiende tablas para poder transitar.

Hay una sola cafetería que administran las hermanas de la iglesia católica, en ella trabajan unas 10 mujeres cada mes pero hay una lista con otras 200 que esperan su turno para ganar unas cuantas monedas para sobrevivir todo el año, es decir las que trabajan este mes vuelven a tener la oportunidad en otros 20 meses para volver a laborar, es la única fuente de empleo.

La alcaldía tiene una planta eléctrica que prenden por dos o tres horas en la noche, en las casas más lujosas hay bombillos en las otras solo velas.
El piloto de la avioneta espero que me bajara y me dijo “nos vemos mañana a la misma hora”, un pálido de muerte me invadió, le dije que me esperara yo solo me iba a demorar unas horas, “ni se le ocurra, los paracos o la guerrillas nos pueden secuestrar, así que hasta mañana”.

Dentro de la muchedumbre que me rodeaba se acerco un hombre de hermosa sonrisa, pelo ensortijado y de un hablar caribeño, “soy el personero de Vigía del Fuerte lo estaba esperando”.

Meses atrás hubo una toma guerrillera y las víctimas querían hablar conmigo, el cuartel de la policía queda a la orilla del río, los subversivos se atrincheraron detrás las casas de madera, unos y otros se disparaban a través de las casas de la población civil.

Un personero es un miembro de la alcaldía que vela por los derechos humanos de los pueblos en Colombia. Él hombre me llevó a su oficina una mesa de humilde madera, el piso de barro, le pedí que me prestara un código civil, de una caja de cartón saco una bolsa plástica con fotocopias amarillentas, era el peor trabajo que un ser humano podría desear pero este hombre lo ejercía con la mayor altura del mundo y con un verdadero amor, hacía casi 10 meses no le pagaban.

Uno a uno los familiares de las víctimas fueron pasando, fallecieron como 24 policías, el alcalde y 10 civiles, muchísimos heridos y la destrucción de varias decenas de casas.
Muchos quedaron atraparon en intercambio de fuego, pero el testimonio que más me acuerdo fue de un hombre que estaba con su esposa y tres hijos, la mujer amamantaba el bebé cuando un tiro atravesó al niño y a ella, luego otra bala acabó con la vida de su otro hijo y el último de los infantes recibió uno en su abdomen, falleció después de muchas horas cuando le decía al papá que no lo dejara morir, que lo ayudara, los guerrilleros no lo dejaron salir de la casa y la policía lo sindicaba de colaborador con la guerrilla.
La mayor preocupación es que la guerrilla volviera a atacar porque en la región había laboratorios de coca manejado por los paramilitares así que esa población se convirtió en objetivo militar.

Esa misma tarde tome una lancha y atravesé el río, al frente se encuentra otro villorrio de nombre Bojayá (también conocido como Bellavista) la misma historia, la misma pobreza, una abogada en medio de esa selva olvidada de Dios ejercía el papel de notario. Allí varios testigos me dieron su versión de todo lo que paso.
Al otro día la avioneta se acercaba y me despedí del personero, le regale mi estilógrafo y una vieja Constitución Política de Colombia que cargaba en mi maletín, su rostro se iluminó como un niño, en medio de tanta pobreza era un tesoro, le di un abrazo y le dije gracias DOCTOR, para él que un extraño le reconociera su titulo era maravilloso, se sentía alguien.

Al llegar a mi oficina instauramos la denuncia preventiva de un posible ataque contra la población civil que nadie escuchó. Pasado un tiempo los paramilitares fueron al pueblo y mataron a unos cuantos civiles, entre ellos al personero; entre los rumores se dijo que fue una retaliación por haber hablado conmigo.

Meses después 250 paramilitares se movieron para la zona para custodiar los laboratorios de coca, era predecible que un combate se diera y que la población quedaría en la mitad de las balas.

El dos de mayo de 2002 la guerrilla llegó a los límites del pueblo, los paramilitares se atrincheraron detrás de las casas, el sacerdote del pueblo reunió a la gente en la iglesia, el combate se inició y unos y otros disparaban indiscriminadamente. La guerrilla lanzó una pipeta de gas cargado de metralla y dinamita que impactó en el altar de la iglesia y acabó con la vida de 119 personas.

Esta historia se las cuento porque en esta época que nuestras mesas están llenas de comida, que podemos acceder a miles de regalos, debemos recordar que hay millones que no tienen pan en su mesa, ni paz en sus vidas

Pero el mundo puede cambiar y usted hace parte del cambio, done algo de su dinero a buenas causas, no guarde silencio ante la injusticia, sea solidario con las víctimas y RECHACE TODA FORMA DE VIOLENCIA.

Todas las noches me acuerdo de la hermosa sonrisa del personero de Vigía del Fuerte, me preguntó si hubiera podido hacer más, si hubiera podido salvar su vida, no puedo cambiar el pasado pero si puedo influenciar el futuro, hoy estoy haciendo un llamado a la conciencia.

 

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