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Personas en Linea
Tenemos 911 invitados conectado(s)| “Recalculando” |
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![]() Tal vez sea lo nostálgico del paisaje del otoño, con sus árboles de colores, la caída de sus hojas, y el frío que amenaza, lo que a muchos inmigrantes, ya entrados en años, nos hace añorar la calidez de nuestras lejanas tierras de origen. Las nuevas generaciones han perdido muchas de las cosas que enamoraban de nuestra América Latina, que por simples, no eran menos importantes. Por ejemplo, cuando se transmitía un partido de fútbol de nuestra selección o del equipo de nuestros amores, alrededor de un televisor pequeño, nos reuníamos con todos los vecinos para disfrutar del evento, para vivirlo a plenitud. En los países fríos de América del Norte, por contraste, la gente tenía un televisor gigantesco para ver los partidos solos. Ese era un fenómeno de la gente de los países ricos, la soledad. Pero ahora, tanto aquí como allá, con los avances técnicos de las telecomunicaciones, las circunstancias de modo y lugar han cambiado y con seguridad, para siempre. Cuando veo a mi hijo que “juega” frente a una pantalla de televisión y cuando le pregunto ¿por qué no va a jugar a la casa de sus amigos?, con la mayor tranquilidad me responde que, está conectado con ellos a través de la red. En mis tiempos, cuando yo era pequeño, después de realizar las tareas, salía a jugar con mis amigos con carritos de madera, y las niñas, con sus muñecas de trapo elaboradas por sus madres y nos sentábamos en los andenes hasta que los primeros bombillos se prendían. Volvíamos a casa llenos de tierra los bolsillos, y los regaños eran comunes para todos porque, siempre jugábamos fútbol con los zapatos del colegio, que por lo general, eran los únicos que teníamos. Los paseos al rió o la playa eran fantásticos, no había Tim Horton ni Macdonald, sino restaurantes populares donde se preparaban unos deliciosos caldos en ollas de aluminio y en fogón de madera. El viaje lo hacíamos montados en la parte trasera de una camioneta, sin cinturón de seguridad, disfrutando del sol y del viento y de la lluvia. Pero paseo al río o a la playa, no estaba completo, sino se le incluía el recalentamiento de la camioneta del tío. Para tomar agua solo bastaba abrir la llave y acercar la boca, ahora nos toca comprar agua en botellas, porque si la bebemos directamente del tubo, nos morimos. En los atardeceres calurosos, los vecinos sacaban sus asientos a las puertas para aliviar el calor, para conversar, para comentar de libros, de historias fantásticas, de política, y de tradiciones. Esa sabiduría que se pasa de boca en boca, de generación en generación, se está perdiendo por la falta de contacto humano. Lo peor, hoy en día, es que lo que dice el televisor o la Internet se esta volviendo palabra sagrada, la información esta siendo manipulada y la tenemos que dar por cierta, sin mayor critica, sin ningún análisis, Recuerdo cuando nos íbamos con mi esposa de paseo y ella llevaba el mapa y me decía: “voltea a la izquierda, te pasaste, por ahí no, deja de mirar a la vecina”. Ahora la única voz humana que escucho en mi carro es “recalculando”. Tal vez es que me estoy volviendo viejo y no entiendo el síndrome de los nuevos tiempos, la soledad. |
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