Publicidad

Encuesta

¿Estas Noticias son de Gran Valor Informativo para ti?
 

Publicidad

Personas en Linea

Tenemos 904 invitados conectado(s)
Inicio Editorial Soy culpable, lo confieso
Soy culpable, lo confieso

Estaba inmerso en una de esas terribles pesadillas, soñaba que llegaba al aeropuerto de Toronto y que los agentes de aduanas eran unos enormes Teletubbies, que en vez de abrazarme, me decían, -queda usted arrestado-.

Me desperté sobresaltado y me di cuenta que en realidad estaba en un vuelo rumbo a Toronto. Horas atrás había partido desde una ciudad de Latinoamérica, e intuí que la pesadilla podría tener algo de real.

Semanas atrás se me dio por decir a unos cuantos amigos – voy a viajar a Latinoamérica, si necesitan enviar algo a la familia con gusto lo llevo-.

Horas antes del viaje, llego una señora con una bolsa negra de las de la basura, llena con 8 sombreros de esos que regalan en las ferias con el logo de un banco, y como ya tenía mi única maleta llena, me toco dejar la hermosa bolsa negra, como equipaje de mano.

A través del día me habían llegado una y otra persona con paquetes para sus familiares, lo curioso fue que ninguno era del grupo de mis amigos y lo peor, a nadie se le ocurrió preguntar si tocaba pagar un sobrecupo en el avión.

En el aeropuerto tenía cinco maletas llenas de encargos, una bolsa negra con sombreros, dos computadores portátiles y cinco bolsas de Dollarama con toda la colección de invierno, es decir, con más de 200 productos chinos de a dólar.

La señora de la aerolínea con sorpresa me preguntó: ¿va a montar una tienda del dólar en su país?

Tuve que pagar 400 dólares de sobrecupo, pero llevaba todos los encargos. Ya en la ciudad de mi destino, comencé a llamar a cada uno de los dueños de los encargos y como si se hubieran puesto de acuerdo, cuando les tocaba el tema del valor del sobrecupo, cada quien contesba: “ni loco voy a dar un centavo, mi encargo no pesa mucho”.

Los 8 días que iba a estar de vacaciones me la pasé como mensajero entregando los detalles, ¿y cuando se devuelve? me preguntaban, a todos les dije el día pero no la hora.

Por fin entregué todo, pude tener un día para saludar a mi familia, y organizar mi viaje de retorno al día siguiente.

Sin embargo, al llegar al aeropuerto me encontré con la sorpresa que tenía un comité de despedida: una señora con tamales, otro con una bolsa llena de hierba para bajar la tensión, además de arepas, dulce de leche, 50 chorizos, harina para tortilla (no de la otra), una máquina para moler maíz, una bandera, 20 CD piratas de los últimos juegos, y cuanta cosa se puedan imaginar.

Cuando desperté en el avión de la pesadilla de los Teletubbies, sentí un escalofrío corriendo por todo mi cuerpo, porque pronto me tendría que enfrentar con los agentes de la aduana.

¿Quién no siente terror de ver un agente de la aduana de Canadá? Creo que los entrenan para no sonreír, que parte de sus ejercicios diarios debe ser pararse frente un espejo y chupar limón, porque así, con cara agria nos reciben a todos los viajeros que regresamos a nuestro hogar, Canadá. Imagínense uno llega agotado después de un vuelo de más 10 horas y lo reciban con esa cara agria y ese típico saludo de inquisidor de: “usted es sospechoso, ¿porqué viajó, con quien, a quien visitó... y con la mirada de no, no le creo?” provoca decirles - si me va a pegar no me grite mas- .

Ya me imaginaba saliendo en los periódicos de todo el mundo con el titular “capturan Editor de La Prensa con contrabando de chorizos y tamales…”

Por fortuna, después de 2 horas de preguntas y repreguntas, me dejaron salir de la aduana, pero me quitaron todas las encomiendas que traía, tan solo me dejaron mi maleta.

Cuando por fin llegue a casa, la primera en llamar fue la dueña de los chorizos y cuando le comenté lo sucedido en la aduana, con toda tranquilidad me dijo “no le creo y tendrá que pagarlos, pero a precio de Canadá, porque usted tan gordito, es sospechoso de habérselos comido”.

Prometo solemnemente no volver a viajar o por lo menos a no decirle a nadie que me voy.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Publicidad

banner unica-01